Despedida.

En el momento en que lo vi de lejos, su presencia me invadió...sólo nos saludamos esa noche, entre mucha gente. Pero yo lo miré como si temiera no volverlo a ver.

tumblinks

search

powered by tumblr
seattle theme by parker ehret

  1. - ¿Me acompañas al recital de hoy? Te paso a buscar con M y vamos juntos.

    - Mmm… nosé todavía, no tengo muchas ganas de ir…

    - ¡Vamos! Acompañame… para eso están las amigas.

    - Bueno… está bien.

        No quería, ni tenía ganas de ir pero tenía que acompañarla. Entremos tarde. La idea era pasar ahí adentro el menor tiempo posible. Colectivo, charlas, calle, entradas, luces, estamos adentro. Ahí estás, ya te vi. Para qué vine? Porqué?, eso es lo único que pienso y trato de mirar para cualquier otro lado. Esquivarte, como lo vengo haciendo hace meses. Como lo venimos haciendo.

        Horas. Pasan.

        Listo, hay que irse. Buscar las cosas e irnos, al fín. Mochilas, camperas… Vos. Te miro, me miras. Explosión. Con una sola mirada que cruzamos derretimos el hielo más grande que habíamos creado. Hola. Qué tal? Todo bien?, vos y tu sarcasmo. Ah, hola, yo y mi lentitud. Nervios y chispas. Tu mano extendida, mi mano sorprendida y dudosa se acerca, se chocan, se aprietan, se unen. Con toda la ironía del mundo condensada en tres palabras, me decís tu nombre -como si yo no lo supiese, como si no sonara todos los dias esa palabrita en mi cabeza-: *****, un gusto. No sabemos como seguir, como mirarnos, parece que estuviesemos solos, que no hubiese un montón de personas llendo y viniendo, observándonos algunos. A nuestros nervios, le sumamos nuestra timidez, tu sarcasmo y mi pedantería, tu ego y mi orgullo. Nuestros kosmos son incopatibles, Shaka y Saga, la fe y la ciclotimia.

        Y sin siquiera despedirnos, perdimos la última oportunidad de volver a hablar. Somos los únicos culpables de que la historia más hermosa no se escriba; vos y yo.

    Christopher(a).

     
     
  2. Justo cuando pensé que ya no me gustabas más. Justo cuando pensé que ya no estabas más en mi cabeza. Justo cuando me había acostumbrado a tenerte al lado mio y ser ignorado(a). Justo cuando pensé que, como tantas otras veces, sólo ibas a pasar por al lado mío sin saludarme.

    Yo te ví, en el momento en que entraste al lugar. Una fuerza inconsciente me hizo darme vuelta en el preciso segundo en que bajabas las escaleras. Estábamos, como en esa inolvidable primera vez que te ví, en un recital. Como tantos otros, pero para mí no fue igual. Yo estaba, como siempre, rodeado(a) de amigos. Estábamos esperando que empiece a tocar la banda siguiente. Cuando vos llegaste, nosotros estábamos parados al lado de la feria de discos charlando, riendo. Yo te ví (aunque no quería hacerlo) mientras caminabas hacia donde estábamos nosotros. Y te acercabas más y más. En mi cabeza todo se veía como en cámara lenta. Así hasta que llegaste a donde yo estaba parado(a). Te paraste, me miraste y me dijiste: “Hola, todo bien?” y me saludaste con un beso en la mejilla. Odio como después de años de ignorarme, de hacer como si yo no existiera, como si lo que vivimos (que, si bien fue poco, se sintió mucho) no hubiera existido, como si ninguna de esas charlas (que nunca tuve la voluntad de borrar) hubieran existido; venís, te parás en frente mío y me saludás. Como si nada. Como si nos hubieramos saludado de la misma forma ayer, siempre. Como si estos años no hubieran pasado nunca. Como si fuera un sueño, una pesadilla mía, que ya terminó. Y yo te saludé, también, como si nada de eso hubiera pasado. “Todo bien, vos?”. Así, tan casual. Como te encanta pretender. Me dí cuenta que a mí también. Pretendamos que nunca me ignoraste. O mejor, pretendamos que nunca me gustaste. Que no me gustás más. Que si me decís “Hola” yo te voy a ignorar. Pretendamos.

    William(a).

     
     
  3. “Cuando Bouvard y Péuchet se encuentran, no dejan de hacer el recuento, con admiración, de sus gustos comunes: es, uno conjetura, una verdadera escena de amor. El Encuentro hace pasar sobre el sujeto amoroso (ya raptado) la estupefacción de un azar sobrenatural: el amor pertenece al orden (dionisiaco) del Golpe de dados”

    Ese día, me había propuesto empezar de nuevo. No mirar más al pasado y empezar nuevamente mi historia, sin melodrama.

    Y media hora más tarde, me hablaste por primera vez. Me tomaste tan de sorpresa que ni tiempo tuve de levantar mis defenzas. Llegaste y ¡Páf! así de fácil diste vuelta todo mi mundo.

    Creo que lo que me conquistó en un principio fue tu forma de expresarte. Tanta soltura, tanta propiedad al hablar, al escribir; tu caballerosidad, como la que se describe en los cuentos de antes(algo muy difícil de encontrar hoy día). Aunque quizá a simple vista no lo demuestre, soy un(a) romántico(a), me enamoro muy fácilmente (lo cual no quiere decir que me en-amor-e fácilmente también). Y, al fin y al cabo, siempre soñé con un caballero de antaño, un héroe de fantasía.

    Si bien desde el vamos no me cuesta enamorarme, vos me lo hiciste más fácil. Las lecturas, la música, los hobbies. Tantas cosas en común. Tus palabras. La forma en que me hablás. Las cosas que escribís. Todo eso me llegó de una forma que nunca me había llegado. JÁ! Tan fácil me creí todo que, en algún momento, llegué a pensar que éramos almas gemelas.

    Cada vez que vuelvo a pensar todo lo que pasó, simplemente no lo entiendo. ¿Qué nos pasó? (¿Nos?). Nosé. Quizá nunca lo sepa. La verdad es que trato de no pensar más en ello. Que mi mente quite toda importancia que tenés en ella. Creo que de a poco lo voy logrando. Todavía no del todo, por supuesto. Pero de a poco. Por lo menos, ya me acostumbré a tus promesas rotas. Ya no me afectan (o al menos eso quiero creer, por favor, dejame creerlo).

    Y, a pesar de que, eventualmente, llegue ese día en el que ya no me afectes por completo, siempre voy a ver en vos a mi héroe preferido.

    William(a).

     
     
  4.    Fue Walter Benjamin, quien escribió la importancia del flash en la fotografía. El flash, el instante. En mi caso, el instante en que flash-eo, flash-ié, con vos.

       Ni en el más remoto jamás de los jamases, hubiese creído que pasaría algo entre nosotros; ni cuando te conocí, ni cuando nos veíamos con otras personas, ni cuando comenzamos a saber todos los detalles del otro. Pero así tuvo que ser. Primero un codo, una sonrisa, unas bromas… despúes unas caricias, unos roces, unas miradas. Esa tensión sumada a nervios e incertidumbre, hasta que nos llega el beso y… FLASH. Besas como a mí me gusta, abrazas como a mi me gusta, dormis como a mi me gusta; me recordás a alguien que una vez conocí, y ya no existe.              

       Sabíamos donde íbamos a terminar, o mejor dicho como. Y encima fue… perfecto. Todo: desde el principio al final. A los dias siguientes, no tenia la fuerza suficiente para deletear de mi memoria tu rostro, mirándome. Y obviamente, arruine todo: pensando. En vos. Pensé en vos cuando me levantaba, cuando desayunaba, cuando trabajaba, cuando dormía, todo el tiempo. Detalles que corrían entre mis neuronas. Palabras, gestos, miradas -miradas, miradas, miradas-. Dias en que tu imágen destruía el castillo (alto) en el que vivía: me encontré con todos los ladrillos disueltos bajo tu mirada.

       Volvimos a caer en el mismo juego.

       Y me di cuenta, mientras creía que todo volvería a ser así de perfecto, que  me equivocaba; me di cuenta, que yo no era la importante, y que nunca lo sería.

       Pero aunque esto dure o -mejor dicho- haya durado un cuarto de hora, siempre voy a ver en vos a mi superhéroe favorito.

    Christopher(a).

    PD: “Alguien que se cree abandonado está leyendo, y le duele que la página que quiere pasar esté cortada, que ya ni siquiera ella lo necesite”, Walter Benjamin.

     
     
  5. “Y como la costumbre lo debilita todo, precisamente lo que mejor nos recuerda a un ser es lo que teníamos olvidado (justamente porque era cosa insignificante y no le quitamos ninguna fuerza). Porque la mejor parte de nuestra memoria está fuera de nosotros, en una brisa húmeda de lluvia, en el olor a cerrado de un cuarto o en el perfume de una primera llamarada: allí donde quiera que encontremos esa parte de nosotros mismos de que no dispuso, que desdeñó nuestra inteligencia, esa postrera reserva del pasado, la mejor, la que nos hace llorar una vez más cuando parecía agotado el llanto. ¿Fuera de nosotros? No, en nosotros, por mejor decir; pero oculta a nuestras propias miradas, sumida en un olvido mas o menos hondo. Y gracias a ese olvido podemos de vez en cuando encontrarnos con el ser que fuimos y situarnos frente a las cosas lo mismo que él; sufrir de nuevo, porque ya no somos nosotros, sino él; y él amaba eso que ahora nos es indiferente. En la plena luz de la memoria habitual, las imágenes de lo pasado van palideciéndo poco a poco, se borran, no dejan rastro, ya no las podemos encontrar”.

    A.L.S.D.L.M.E.F.

    Christopher(a).

     
     
  6. “¡Vuelve hacia mí tus ojos azules y estrellados!

    Por una de esas miradas fascinantes, bálsamo divino,

    levantaré los velos del placer más turbio

    y en un sueño sin fin te adormeceré!”

    Y así, tan de repente, tu recuerdo me encuentra desprevenido.

    William(a).

     
     
  7. Jamás se me habría ocurrido que ibas a estar ahí -no estaba preparada para que estés ahí-.

     

         Cambiaría todos mis recuerdos de este mundo, para vivir otra vez ese: nuestras primeras palabras. A pesar del ruido –voces, bajos, guitarras, baterías-, de la gente (tanta), y de la posibilidad de haber tomado otro camino hacia el baño del lugar, nos cruzamos. Nos teníamos que cruzar.

        Teníamos miedo de mirarnos (creo que todavía lo tenemos), y una vez que pasamos el uno al lado del otro, los dos miramos hacia atrás. Teníamos que mirar hacía atrás. Me buscabas, esperabas que yo también me hubiese dado la vuelta. Imborrable.  Podría extraer de mi memoria esa imagen tuya: vos, tu altura y tu peso, tus gestos y colores, tu ropa.

         Tu ropa. Tu ropa me hablaba, me habla. Tu campera llevaba cuatro letras que gritaban una de las únicas cosas que compartimos, algo que ambos amamos, y que nos hace diferentes; eso que hace que nadie nos entienda, salvo nosotros, entre nosotros. Pocos, somos los únicos. Capaz los últimos.

         Dibujaría con un pincel, con las más delicadas pinturas, cada movimiento facial y corporal que ejerciste para decirme, o mejor dicho, para hacerme entender lo que me querías decir, porque sabías que en ese lugar –que ahora me pesa- no íbamos a poder escucharnos. Hola. Y sonreíste un poquito. Vos no sonreís ni sos agradable, pero me sonreíste. Y yo, con aparente timidez y el disimulo de la sonrisa más amplia, te respondí: hola. Ya teníamos una excusa perfecta para hablar, por cualquier medio, y cualquier día.

     

         No era el momento. Tenías que esperar un poco para encontrarme, para hablarme. Tendrías que haber esperado más encuentros casuales, más sonrisas. Pero no lo hiciste; no sos así. ¿No podías esperar? Creo que yo tampoco. Uno de los dos tenía que dar el primer paso, y arruinarlo todo. Convirtiéndote así, en mi punto débil. Así… tan rápido.

        Eras la persona indicada, en el momento equivocado.

    Christopher(a).

     
     
  8. Ese recital. Tus zapatillas (que, de vez en cuando, chocaban con las mías). El micrófono. Tu pelo. Tu ropa. Tu cara. Vos. Nuestras miradas robadas. Las sonrisas tímidas.

    Y acordarme, detalle a detalle, todo lo que paso ese día. Que en realidad no fue nada, pero lo fue todo. La banda, las canciones, la lista de temas. El lugar. Salir a comprar un jugo con mis amigas. Estar saliendo con otra persona, pero mirarte sin que él se dé cuenta. Y también acordarme que, días después, te vi en la puerta del bar “de onda” de esas épocas. Allá lejos. Yo estaba con una amiga, hablando con otra persona. Bah, ella le estaba hablando, yo te miraba. Te miraba mirarme. Y nuevamente, esas miradas robadas, esas sonrísas tímidas. Me acuerdo perfectamente cada minuto, como si fuera ayer.

    Esa misma semana, me llego tu invitación a msn. Y fui feliz. Y así, todo empezó. Hablar por acá, un “me parece que te tengo de algún lado”, “tal recital?”. Si, me acuerdo. Y así comenzó la historia de amor que nunca existió. Claro que no lo sabía. De a poco me fuí dando cuenta de tu forma de ser, pero no me importaba. Nunca me importó. El amor.. es un torbellino, no? Viene y arrasa con todo.

    Y ese día. El día en que todo terminó, sin haber empezado. Cuantas veces quiero volver el tiempo atrás y hacer las cosas diferentes. Quizás si yo…pero mejor no lo pienso. Mejor no pensar en lo que hace mal, en lo que no se puede cambiar. Todavía me gustas, a pesar de todo. A pesar de que vos no lo sepas. Tal vez nunca lo supiste. Pero ahora eso ya no es relevante. Yo no existo para vos. Y lo sé, y lo acepto. Siempre vas a ser “el que no fue”. Siempre vas a ser parte de mí en cierta forma.

    Es algo que no puedo evitar.

    Atte. William(a).

     
     
  9. Entre mi amor y yo han de levantarse
    trescientas noches como trescientas paredes
    y el mar será una magia entre nosotros.

    No habrá sino recuerdos.
    Oh tardes merecidas por la pena,
    noches esperanzadas de mirarte,
    campos de mi camino, firmamento
    que estoy viendo y perdiendo…
    Definitiva como un mármol
    entristecerá tu ausencia otras tardes.

    Christopher(a) & William(a).

    And Borges.